Los canalones recogen el agua de lluvia, como una acequia bajo el alero, y gracias a una leve pendiente la conducen a un desagüe. Desde allí el agua cae por un bajante y desemboca en la acera. Antiguamente el agua se proyectaba sin más desde lo alto, con un breve caño que hacía de gárgola.
El canalón, además de evitar salpicaduras molestas en la terraza o la acera, impide que se ensucie la fachada. Es un valioso artefacto, y sólo debemos tener presente que recogerá junto con el agua todo lo que haya en el tejado: musgo, polvo, tierra, pero también restos más voluminosos, desde gorriones muertos a bolsas de plástico, pasando por los inquilinos habituales, culpables de la mayoría de los atascos: las hojas de los árboles.
El mantenimiento normal de los canalones es sencillo y se reduce a limpiarlo para evitar atascos. Será necesario hacer limpieza preventiva en otoño y primavera, adelantándose a las fuertes lluvias.

El salvahojas
El accesorio fundamental en nuestro canalón es el salvahojas. Mucha gente, incluso profesionales, instala si acaso una rejilla plana en el desagüe. Es un error: ¿has visto lo fácilmente que se atasca un fregadero, sólo con menudos restos de comida? Pues imagina cómo puede atascarse una rejilla taponada con hojas grandes, que se apelmazan sin dejar pasar ni gota de agua.
El salvahojas evitará ese problema. El modelo más eficaz es un husillo de forma semiesférica, un casco de alambre, para entendernos, que se monta sobre el salidero. Aunque lleguen hojas flotando y se acumulen al pie del casquillo haciendo subir el nivel del agua, siempre quedará cota libre para desaguar.
En otros países europeos, con más arbolado y más lluvias, resulta fácil encontrar salvahojas. En España hay pocos proveedores, así que ante una emergencia recurriremos a un invento casero. Para ellos podremos emplear dos sencillos utensilios: una simple panera de caña, y un colador. Ambos funcionan perfectamente.

Limpiar con una botella
Si el canalón presenta restos secos adheridos, podremos quitarlos con una espátula pequeña, dado que el fondo es curvo, arrastrando después por el conducto una botella de plástico a la que habremos cortado el fondo. De esa forma tendremos un idóneo recogedor, que nos facilitará mucho la tarea.
Para ir echando los restos llevaremos una simple bolsa de basura, que podremos apoyar en las tejas, o sujetar por el asa en algún saliente del mismo canalón, si los residuos pesan poco. Tras quitar los restos sólidos, con un cepillo fuerte y una manguera barreremos la arena y las incrustaciones.
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