Fibras vegetales: decorativamente son muy exóticas, además de resistir bien el trasiego diario. Las fibras proceden de plantas tan diversas como el coco, el sisal o las algas.

Fibras sintéticas: suelen ser baratas y funcionales, perfectas para oficinas y despachos. Los materiales más utilizados son la poliamida y el polipropileno. Un modo habitual de instalarlas es mediante módulos a modo de losetas.

Lana: es el material más tradicional y el más difícil de instalar para un aficionado al bricolaje. Se trata de un producto natural, inigualable desde el punto de vista industrial por la sensación tan agradable que produce al tacto. Ofrece una sensación muy cálida y está muy mullida. Pero no sólo es excelente desde el punto de vista del bienestar: también es práctica porque es muy resistente y se ensucia poco. El único inconveniente: su precio.

Combinadas: por ejemplo, mezclas de lana y fibra.